Las manifestaciones del rock en América Latina continúan creando nuevos nichos donde cohabitar. Hasta hace un par de décadas esta práctica musical estuvo ausente fuera de los entornos culturales de las grandes metrópolis y de los centros urbanos medios. Se podía constatar que el rock, en tanto manifestación artística de gran despliegue mediático, estaba dentro de las esferas de producción de juventudes netamente urbanas y que sus influencias y configuraciones sólo atañían a esos sectores que, marginales o no, devenían en actores de consumo del rock a grandes escalas. Hoy, en cambio, emergen novedosas expresiones en otros espacios, concretamente entre juventudes rurales o entre jóvenes hablantes de alguna lengua indígena, como ha ocurrido en ciertas regiones de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Perú o México.
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