Todos hemos vivido el folklore infantil antes de empezar a hablar: las nanas, los arrullos y las canciones de cuna que nuestros padres y abuelos cantaban para dormirnos, para hacernos reír o para mostrarnos su cariño. Fórmulas mágicas y extrañas palabras rítmicas fueron nuestro primer acercamiento a la literatura.
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